sábado, 21 de enero de 2012

Que a veces, los recuerdos duelen.

Aquella noche. La recuerda ensimismado. Rememora como flashes los diferentes momentos de la noche. La luna. Su cuerpo oscuro, entre las sábanas blancas...
Y todas las cosas que la dije. Palabras de amor. Palabras dulces. Las palabras de un borracho. Quién sabe, quizás se reía para sus adentros. Quiero decir, toda esa cháchara estaba de más. Podría haber dicho la gilipollez más grande y ella me habría prestado igual atención. Y yo pensaba mandarle flores con una nota... Palabras de amor. <En la oscuridad, una única sonrisa: la tuya.> Tenía unos dientes perfectos.
De repente lo invade un sentimiento de vacío, una tristeza infinita, un malestar existencial.
Y piensa en ella. En ella, su vida, en su trayectoria juntos, en su deseo de construir y, sobre todo, en la belleza de sentirse enamorados. Y de pronto, esa casa le parece completamente vacía y nunca como en ese momento considera atinada esa frase. Se la dijo su padre: <Habrá días en los que no tendrás ganas, en que deberás esforzarte incluso para hacer el amor con ella... Pero llegará un momento en lo que lo vuestro te parecerá tan importante, que el resto se desvanecerá. ¿Sabes cuando tuvo lugar ese momento en mi caso? Cuando naciste tú.>
En ese instante él comprende otra cosa. Que crecer es muy doloroso.


No hay comentarios:

Publicar un comentario